Creo que el problema estuvo en que creía
tener las ideas muy claras pero esas ideas no funcionaban en el
lienzo. Esto ocurre muy a menudo, por lo menos a mí. Y no era capaz de
buscar soluciones distintas porque estaba obsesionado. Pensaba que para
ser fiel a mi idea de los rosales tenía que mantenerme fiel a la
primera impresión. Confundí la primera impresión con lo primero que me
salió. La verdad es que perseveré bastante hasta que la suerte intervino
en mi ayuda y me ofreció dos buenas opciones.
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| rama de rosal silvestre |
Para el rosal blanco utilicé el método
clásico: olvidarme de él. Giré el lienzo y estuve meses sin mirarlo
hasta que un día buscando algo para pintar (hasta ese punto me había
olvidado) le dí la vuelta y el cuadro me vino entero y completo a la
vista con todo lo que estaba mal y con lo que debía de intentar si
quería ceñirme a la energía que lo inspiró. La verdad es que me puse a
pintar un poco a lo loco porque la tarea era excesiva para lo que yo sé
hacer pero la cosa funcionó y el rosal salió como un borbotón,
atropellando los límites del cuadro. Tal y como tenía que ser.
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| rosal rojo detalle del dibujo |


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